El Paseo de Macuto.
El Paseo de Macuto.
Era blanco, y azul, azul el mar y blanco el paseo, separado por la franja de arena clara, amarilla clara.
El hotel Alemania, una casona señorial y bien vestida como las otras que la circundan, y la heladería Tomaselli son dos recuerdos imborrables. De.Tomaselli siempre mi preferido fue el helado de coco. Eso sí era un helado de coco!
Recuerdo la sillas que me parecían enormes, de listones de madera de muchos colores.el respaldar. Parecían pavo real. Dónde se sentaban las señoras y los señores a conversar mientras jugaba en el paseo en las tardes o me bañaba en el mar y jugaba con los cangrejitos en la arena. Mi papá escribió en mi Álbum del Bebé que yo aprendí primero a nadar que a caminar. Y es que había dos salvavidas, Quintín y Culí que nos cuidaban mientras los padres plácidamente confiados hacían su vida en El Paseo.. Nos subían a los niños en un botecito. Culí nos tiraba al agua donde Quintín nos recibía. Así, una y otra vez. Después supe que Quintín se casó con una Fuenmayor, fundadores de la Universidad Santa María que tenía su sede en El Paraíso, en Caracas. De Culí no supe más. Lo recuerdo joven, muy alto y delgado, negro, muy negro, con un trajebaño blanco que hacía juego con sus dientes, de esos que usaban antes que eran corticos como un bikini. Y a Quintín lo recuerdo más bien con el pelo entrecano.
Mi papá tenía un perro grande, o será que yo era tan chiquita que todo lo veía grande, que hacía de niñera de nosotros, sus 5 hijos.
El olor del almendrón es algo que tengo fijado en mi recuerdo. Esa fruta tan agreste que apenas tiene una pulpa seca y guarda una semilla muy grande y dura de la que yo ya más crecida disfrutaba rompiéndola con una piedra para sacarle una pequeña almendra muy sabrosa
Salir de La Guaira y entrar en Macuto por la Av. Álamo invariablemente en mí interior revienta y me invade ese olor del almendrón.
En el medio de El Paseo había una pileta de agua también blanca alrededor de la cual me gustaba mucho dar vueltas y bailar. Un día estaba jugando en la pileta cuando sentí que un perro gruñía y me mordía el tobillo, sobresaltada di la vuelta a mirar y me encontré con mi papá riéndose mucho por el susto que me había dado.
Un día llegó un señor llamado Diego Arria y convirtió ese lugar blanco y azul en algo gris y sombrío. El Paseo de Macuto dejó de ser el de mi infancia. Las casas decayeron, el señorial Hotel Alemania se transformó en un tugurio.. Las sillas de pavo real desaparecieron. Los Helados Tomaselli siguen estando allí pero ya no saben igual.
Así es la vida!
Cuánto detesté a ese Diego Arria no se lo pueden ni imaginar. Un sitio tan bello como era El Paseo de Macuto lo transformó en concreto y ladrillos.
Hace muchos años que no voy por allí. No sé cómo estará hoy día.


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